Hacía tiempo que no pisaba Encuentros, un local liberal para una noche decisiva.Pedimos una copa y dimos una vuelta. El local estaba lleno y buscamos un sitio donde poder acomodarnos, donde poder divertirnos y disfrutar del morbo de estar rodeados de parejas con sus cuerpos desnudos.En una esquina del local extendimos la sábana, nos tumbamos y comenzamos a besarnos mientras nuestras manos se hacían hueco por debajo de la ropa. Al piano estaban tocando “Wet Dreams” una melodía muy sensual y erótica.
Giré mi cabeza hacia el pasillo. La silueta de una mujer vestida únicamente con unas botas de tacón me llamó la atención, tenía un cuerpo espectacular y una preciosa melena rubia. Decidió situarse próxima a nosotros, junto con el hombre que la acompañaba.
El calor de nuestros cuerpos había aumentado y te pusiste de rodillas sobre la sábana para deshacerte de tu vestido de una manera insinuante y provocativa. Sabías que el acompañante de aquella mujer te estaba viendo, estaba lo suficientemente cerca para que, a pesar de la penumbra del local, se intuyese tu lencería, las medias de liga y tu postura, que era lo suficientemente sensual como para que le llamases la atención.
Me quité la ropa y te rodee con mis brazos para recorrer tu cuerpo y llegar hasta a tu sexo ya húmedo.
Aquella pareja permanecía cerca de nosotros, pero tú disfrutabas de los placeres que te ofrecía y en ese momento te entregaste a mi olvidándote de ellos.
No tardaste en notar como una mano acariciaba tus caderas para poco después, alcanzar tus pechos. Sabías que era aquel desconocido y eso estaba consiguiendo que tus fantasías fueran aún más calientes. Te sentías tiernamente poseída y deseabas sentir una dosis de pequeños mordiscos en tus pezones.
Tumbada de lado y con tu pierna derecha sobre mi hombro te seguía follando allí, de rodillas. Era una posición muy cómoda en la que conseguía penetrarte totalmente y deleitarme mientras me agarraba febrilmente a tus nalgas.
Inquieta por la calentura que arrasaba tu cuerpo, deslizaste tu mano hasta llegar a la pierna de aquel hombre y continuaste subiéndola hasta alcanzar su sexo que estaba siendo succionado por aquella otra mujer. Te deleitaste durante unos minutos tocándole, pero querías más. Tus fantasías, mientras eras follada, estaban devorándote así que te di la vuelta para que pudieras verles y mientras te follaba por detrás empezaste a compartir aquella polla con la otra mujer.
Aquella mujer te dijo que abrieras la boca y se retiró para poner la polla de aquel hombre a tu disposición y poder disfrutar viéndote a su antojo.
Me situé tras de ti y te agarre de las caderas con una única intención: follarte!! Agitada, no dejabas de mamarla mientras con fuerza te marcaba el ritmo con cada penetración hasta sentirte extasiada.
Dejaste volar tu imaginación y eso te ponía muy cachonda. Tener de manera inesperada la polla de un desconocido en tu boca mientras yo te penetraba por detrás, MMM te perdía! Sin dudar ni un segundo volvías una y otra vez a saborear a su acompañante.
Quise ocuparme de otra forma de ti y llevé mi boca a tu sexo, haciendo que tu respiración se acelerara y tus gemidos empezasen a ser intensos. Quería tomar posesión de tu lado más perverso, quería oírlo desde tu lado más oscuro.
Cada vez te costaba más seguir el ritmo, cada vez tus movimientos eran más torpes, tu respiración estaba más acelerada. Te sentías salida, viciosa…y te gustaba, te gustaba devorar la erección de ese hombre y aunque, al cabo de unos minutos, me retire para someter a aquella otra chica, tú no paraste de saborear su sexo.
Levantaste ligeramente la mirada con ojos lascivos y viste como yo acariciaba suavemente la piel de aquella mujer, subiendo por sus hombros hasta su melena rubia, despacio, excitándola, enredándola en mi juego… recorría lentamente su cuerpo hasta que su mano se humedeció con la excitación mis caricias, y se dejó hacer, estaba excitada, entregada a mi voluntad.
Te sentiste celosa y me empujaste para que cayera tumbado, y allí, a cuatro patas como una gatita en celo, metiste mi polla en tu boca mientras que con tus piernas abiertas, ofrecías tu coñito a nuestro compañero de juegos.
Aquel hombre no tardó en meter su boca entre tus piernas para pasar su lengua por tu sexo.
Metía sus dedos en tu coñito siguiendo el ritmo que yo marcaba en tu cabeza con mi mano mientras me la comías. Su lengua te recorría y te tenía tan salida que no parabas de gemir, cada vez más fuerte, cada vez te sentías más putita, hasta que después de unos minutos tu cuerpo se retorció disfrutando del primer orgasmo de la noche.
Casi sin fuerzas, aún recuperándote y con los últimos coletazos de placer recorriéndote me coloqué encima de ti sabiendo que penetrarte cuando estas así hace que se alargue tu orgasmo, así que no dudé en meter mi polla y empezar a follarte salvajemente.
A nuestro lado la otra pareja estaba haciendo lo mismo, él encima de ella follándola. Ella abría sus piernas y gemía.
Cuando terminaste de correrte tan solo pensaste una cosa ¡Este hombre me mata cualquier día!
El veneno estaba ahí, la curiosidad la seguíamos teniendo y las ganas de probar más cosas seguía latente en nuestras cabecitas. La humedad aún resbalaba por tus piernas y empecé nuevamente a lamer tu sexo mientras mis dedos jugueteaban en tu interior.
La otra chica se acercó y se arrodilló junto a mí, cogió suavemente mi pene con su mano y empezó a succionarlo, a lamerlo con lascivia. Ahora tenía a dos mujeres para mí y mientras una me devoraba el sexo tú hacías que mi deseo fuese aún más intenso.
Me preguntaste si me gustaba, pero yo no era capaz de otra cosa más que de disfrutar. Cada vez metía mis deditos con más fuerza en ti y eso te volvía loca, te gustaba y no tardaste en explotar mientras mis lamidas te calentaban y tu cuerpo se estremecía. Había fantaseado con este momento muchas veces.
La otra chica estaba completamente dedicada a que mi erección creciese cada vez más.
Arrodillada, dejaba caer su melena rubia entre mis piernas, sus labios, su lengua y sus manos provocaban que yo me entregase, y totalmente tumbado e inmóvil disfrutase de los más dulces placeres que ella me ofrecía. Me gustaba sentir como recorría mi polla de arriba abajo recreándose en cada movimiento, notando como palpitaba y saboreándola centímetro a centímetro.
Deseaba derramarme dentro de ella cuando de repente, decidió clavar sus finos tacones sobre la sabana y ponerse en cuclillas sobre mi sexo. Ella empezó a gemir mientras acariciaba sus pechos. Su cuerpo se arqueaba y cada vez controlaba menos sus movimientos, sabía que no iba a tardar en correrse, el juego la había puesto a cien y el éxtasis se apoderó de ella. Un latigazo cargado de placer la recorrió, explotando en un fantástico orgasmo, gritaba como una loca y se convulsionaba con cada descarga que mi sexo le provocaba perdiendo el control y dejando que el placer se adueñara de sus actos.
Sentí como aquella escena te desbordaba y empecé a sentir el dulce flujo de tu esencia en mi lengua, como tus caderas parecían moverse descontroladas, como apretabas tu culito con la intención de retener mi lengua en tu interior hasta que el orgasmo fue doblegándote y dejaste caer lentamente tu cuerpo hacia adelante, buscando mi sexo, deseándolo sentir esa llama blanca en tus labios que abrasase tus fantasías.
Sometiste mi pene a tus labios, a tus movimientos rítmicos y placenteros hasta que finalmente hiciste que me desbordara en lo que fue el momento más excitante de ese pequeño mundo en el que nos habíamos sumergido. La dulce miel, lleno la copa de tus labios, resbalando por tu cuello hasta mojar tus pechos que se erizaron una vez más de ese cálido calor llamado semen.

